Hay algunos principios éticos que debe observar la persona a la que se le ha pedido que haga una lectura del tarot. Esta jamás debe hacerse forzando la situación y menos contra la voluntad del afectado, ni en su ausencia, con el objeto de descubrir su vida privada. Sería como trajinar los cajores, como abrir una carta, curiosear otra casa. Es un inmoral atentado al derecho a la privacidad. Por alguna misteriosa razón, en estos casos, el tarot no responde o responde en forma equivocada.
No se debe acceder tampoco a las preguntas de contenido frívolo o inapropiadas, como ¿me voy a sacar la lotería el domingo próximo? ¿quién se va a morir primero yo o mi mujer? ¿tiene un amante mi vecina con el que le es infiel a su marido? Estas preguntas, simplemente, no se deben aceptar. Una tarotóloga seria no cae en este tipo de renuncio.
La lectura debe hacerse con la mayor sinceridad, con la verdad y un gran respeto hacia el consultante. Este merece muchas consideraciones. En primer término, se le debe estar agradecida, porque ha depositado su confianza en el o la tarotóloga. Ha abierto su corazón contando sus más íntimos y a veces dolorosos problemas, sus debillidades, sus frustraciones, sus esperanzas sus odios y amores. Esto no es nada fácil. Se debe responder a tales confidencias.
Se debe también escuchar muy atentamente y demostrar un legítimo interés en ayudar al consultante. Desde luego, ya es una gran ayuda escuchar porque también escudhandose a sí mismo el que habla, ve las cosas más claras.
Hay ocasiones en que el mismo consultante marca una pauta, desde el comienzo. Traspone el umbral de la puerta y advierte: si sale algo muy malo, como muertes, etc. no me lo digas. Y otros, al revés, adelantan: dímelo todo, no importa qué, yo qiero saber, no me ocultes nada. Estas dos posiciones tan opuestas, también es preciso respetarlas.
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Para terminar, por ahora, no tiene perdón alguno mandar una persona, terminada la consulta, abrumada por mensajes negativos, más angustiada de lo que llegó. Por el contrario, debe llevarse el alivio de haber desahogado sus penas, de haber recibido otra opinión más constructiva, la esperanza de que se van a solucionarsus conflictos, de que existen otras posibilidades mejores, etc.
lunes, 17 de marzo de 2008
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